Página dedicada a dar a conocer pasajes históricos de los pueblos del Sur del Estado de Morelos.
jueves, 27 de diciembre de 2018
NAVIDAD DE 1938; CREACIÓN DEL MUNICIPIO DE ZACATEPEC
El 25 de diciembre de 1938, durante el gobierno del Coronel Elpidio Perdomo, fue publicado el decreto No. 000017en el Periódico Oficial del Estado, expedido por la XXVII Legislatura del Estado de Morelos, mediante el cual se creó el municipio libre de Zacatepec. Cuyo territorio se conformó por las Ayudantías de Zacatepec, Tetelpa y Galeana, en el acto, segregadas del municipio de Tlaquiltenango.
Dicho decretó cobró vigencia a partir el 28 de diciembre del mismo año, siendo miembros del primer Consejo Municipal los señores José Alarcón, Francisco Álvarez e Isaac Valle, como Regidores propietarios; y Melquiades González, Zeferino Zavala y Teodomiro Neris, como Regidores suplentes.
Dieciocho años antes, mediante los decretos No.000011 y 000016, expedidos por el Gobernador Provisional, Dr. José G. Parres, el 30 de noviembre de 1920 fueron elevadas las categorías de las poblaciones de Zacatepec y Galeana para agilizar la repartición de terrenos de cultivo.
El Real de Zacatepec fue elevado a la categoría de Pueblo (decreto 000011), mientras que el poblado de San Nicolás fue elevado a la categoría de Congregación (decreto 000016), teniendo efecto también el cambio de nombre, pues a partir de ese momento se le nombró Galeana.
En estas fechas, Zacatepec cumple 80 años de haber sido creado como municipio. Cabe destacar que meses antes de la creación del nuevo municipio, se inauguró el ingenio azucarero Emiliano Zapata, en instalaciones que habían sido de la antigua hacienda de Santiago Zacatepec.
viernes, 22 de junio de 2018
Los Tlahuicas
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| Glifo asociado a los tlahuicas, Códice Boturini. |
Los tlahuicas o
tlalhuicas fueron una de las siete (o nueve) tribus nahuas que, según la historiografía
mexica, salieron del mítico Aztlán o
Chicomoztoc en busca de un lugar para establecer asiento, encontrándolo en las
inmediaciones del lago de Texcoco, así como hacia el Norte, Sur y dentro del
mismo.
El Códice Boturini o Tira de la Peregrinación (siglo XVI), menciona que fueron nueve las tribus emigrantes: Matlatzincas, Tepanecas, Tlalhuicas, Malinalcas, Colhuas, Xochimilcas, Chalcas, Huexotzincas y Mexicas.
El Códice Ramírez y
Fray Diego Durán, coinciden en que fueron siete los grupos nahuas emigrantes: xochimilcas,
chalcas, tepanecas, colhuas, tlalhuicas, tlaxcaltecas y aztecas o mexicas. En el
orden antes descrito se fueron asentando en las inmediaciones del lago de
Texcoco, sin embargo, tlalhuicas, tlaxcaltecas y mexicas no encontraron lugar alrededor
del lago, por esta razón, los tlaxcaltecas siguieron su camino hacia el Norte,
los tlahuicas hacia el Sur y los mexicas se asentaron en un islote dentro del
lago.
Los Tlahuicas se
asentaron en las zonas bajas de la sierra del Ajusco y establecieron su principal
señorío en Cuauhnáhuac, hoy Cuernavaca. El territorio del actual Estado de
Morelos estuvo ocupado por Xochimilcas y Tlahuicas durante el posclásico
tardío, en la época inmediata anterior a la llegada de los
expedicionarios europeos.
Diego Durán, cronista español
y fraile dominico, habitó en el convento de Santo Domingo Oaxtepec durante la
segunda mitad del Siglo XVI. Escribió hacia 1580 su Historia de las indias de Nueva España y Islas de tierra firme, allí
describe la extensión territorial que tuvieron xochimilcas y tlahuicas según
los pueblos en lo que establecieron sus principales señoríos.
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| Portada del libro de fray Diego Durán. |
Sobre los pueblos que
ocuparon los tlahuicas, Durán escribió “…asentaron en lugar que ahora poseen,
tomando por principal asiento y cabeza de su provincia a Cuauhnáhuac
(Cuernavaca), de donde salieron los Señores de aquella congregación a hacer sus
moradas y asientos como los demás, unos a Yahutepec (Yautepec), otros a
Oaxtepec, a Acapichtlan (Yecapixtla), a Tlaquiltenanco (Tlaquiltenango) con
todos los demás pueblos, villas y estancias que llamamos Masquesado”
Duran describe a los
tlahuicas como gente “muy tosca” y de “muy basto frasis”, o sea, de carácter
y/o facciones físicas duras y lenguaje tosco. Además, sobre el territorio que
ocuparon, Durán refiere “… tierra por cierto la más bella y deleitosa que hay en medio mundo, que si no
fuera por el mucho calor que en ella hace, sería otro paraíso terrenal, por
haber en ella muchísimas fuentes, caudalosos ríos llenos de mucho pescado,
arboledas fresquísimas, frutales de muchas diferencias, así de la tierra como
de España, de donde se proveen todas las ciudades comarcanas; llena de mil
diferencias de flores odoríferas, unas mejores que otras. Riquísima de algodón,
donde acude el trato de toda la tierra a él.”
Los tlahuicas hoy en
día.
La denominación de
tlahuica tiene una importante carga cultural dentro del Estado de Morelos, pues
forma parte de un sentido amplio de identidad muy importante para los
habitantes del Estado, esto a pesar de que existen muy pocos pueblos con tradiciones
indígenas.
El municipio de
Tlaquiltenango se ha adueñado, de forma consuetudinaria, del gentilicio “tlahuica”,
es decir, que por costumbre así se les denomina a los habitantes de este
municipio para diferenciarlos de sus vecinos. Las posibles razones son varias,
aunque las más aceptadas son que se debió a la gran influencia que tuvo el
equipo de futbol “Tlahuicas” que jugó en el atrio de la Parroquia de Santo
Domingo de Guzmán para la tercera división a mediados del siglo XX, como lo
sugieren cronistas locales como Agur Arredondo o Guillermo Mañón. También pudo
deberse a la similitud entre las palabras Tlahuica y Tlaquitenango, y la
dificultad para pronunciar “tlaquiltenanguense”.
Pese a lo anterior, el
único pueblo tlahuica que existe, reconocido por la Comisión Nacional para el
Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), es San Juan Atzingo, municipio de
Ocuilan, Estado de México. Se trata de una población de ocupación originalmente
otomí que fue desplazada por nahuas durante el posclásico tardío.
Los tlahuicas de San
Juan Atzingo poseen una lengua materna emparentada con el otopame más que con
el náhuatl, y de hecho reconocen muy pocos aspectos de la cultura nahua. Se puede
tratar, por tanto, de un reconocimiento histórico más que étnico del término
tlahuica.
¿Qué significa?
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| Tribus peregrinas o emigrantes, Códice Boturini. |
Los posibles
significados son varios, pero en principio de cuen tas es necesario descartar la
asociación que se ha hecho de la palabra “tlahuica” con la voz pjiekak’joo, pues se han referido como
sinónimos. Ambas refieren a formas en las que los pobladores de San Juan
Atzingo se reconocen como miembros de su comunidad, pero son parte de leguajes
diferentes, por lo que sus interpretaciones al castellano también deben ser distintas.
“Pjiekak´joo”, según
traducen los ancianos del pueblo, significa “lo que yo soy” o “lo que yo hablo”;
mientras que “tlahuica” es un gentilicio en náhuatl cuyo glifo asociado es el
que aparece en el tercer lugar en orden descendente en la segunda hoja del
Códice Boturini; sin embargo ni su lectura ni su traducción aún son claros,
pues la descripción hecha por el Instituto Nacional de Antropología e Historia
(INAH), menciona que:
“El glifo consta de un
arco, tlahuitolli, y de una vara, tlacochtli o mitl. Puede remitir a pueblos
distintos según la modalidad de lectura adoptada. 1) Si consideramos el glifo
como un ideograma, su lectura sería “chichimecas”, ya que el arco y la vara o
flecha eran los atributos emblemáticos de estos pueblos. 2) Si consideramos que
el arco tlahuitolli, vale por su sonido y no por su sentido, la lectura será
tlahuica (tlahui-tolli), dejando a un lado las dos últimas sílabas de la
palabra. 3) Si estimamos únicamente la vara, tlacochtli, la lectura podría ser
Tlacochcálcatl. Este barrio es mencionado en distintos textos alfabéticos.”
Otro significado asociado
es “los de la tierra”, el cual tiene sentido si consideramos a “tlalhuicas”
como la palabra original, pues el prefijo “tlal” sería una contracción de “tlalli”
que es “tierra” en náhuatl, sin embargo, no existe relación entre este
significado con el glifo asociado.
Referencias:
Durán, Diego. Historia de las Indias de Nueva España y Islas de tierra firme. Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante. México. 1867.
Álvarez Fabela, Reyes Luciano. Tlahuicas. CDI. México. 2006.
Hernández Chávez, Alicia. Breve Historia de Morelos. Fondo de Cultura Económica. México. 2002.
von Wobser, Gisela (coord.). Historia de México. Fondo de Cultura Económica. México. 2010.
López González, Valentín. Estado de Morelos, Breve Historia. IEDM. México. 2002.
Códice Boturini. Instituto Nacional de Antropología e Historia. URL: www.codiceboturini.inah.gob.mx/approaches_text.php?textID=7 Consultado el 20 de junio de 2018.
Códice Boturini. Instituto Nacional de Antropología e Historia. URL: www.codiceboturini.inah.gob.mx/approaches_text.php?textID=7 Consultado el 20 de junio de 2018.
jueves, 29 de marzo de 2018
Creación del Municipio de Jojutla
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| Transcripción del Decreto de creación del Municipio de Jojutla, encontrado en las Apuntaciones Históricas de Xoxutla a Tlaquiltenango de Agapito Minos, 1923. |
El decreto surtió efecto a partir del 1° de enero de 1848, fecha que además coincidió con la celebración de la primera "Gran Feria de Año Nuevo", festividad que originalmente estuvo dedicada a conmemorar la aparición "milagrosa" del Señor de Tula los días 14 de septiembre desde 1724.
Jojutla, como pueblo indígena y después como conglomerado de barrios, estuvo sujeto a la jurisdicción civil y eclesiástica del pueblo de Tlaquiltenango desde el siglo XVI; primero bajo la doctrina religiosa a cargo de frailes franciscanos y posteriormente de frailes dominicos. En cuestión territorial perteneció al Marquesado del Valle otorgado de forma nobiliaria a Hernán Cortés den 1529, y después formó parte de la Alcaldía Mayor de Cuernavaca.
Desde el periodo virreinal, Jojutla se caracterizó por su hospitalidad hacia pueblos emigrantes de otras regiones, así pues, Jojutla se conformó por el pueblo principal y tres barrios, los cuales, tuvieron la posibilidad de conservar su topónimo (nombre de lugar), construir una capilla y celebrar su fiesta patronal, además de tener relativa autonomía sobre los terrenos a su disposición.
Los principales centros de población de Jojutla fueron: San Miguel Arcángel Xoxutla, San Juan Bautista Theocalcongo, Tetecalita del Apóstol Santiago el Mayor y Nexpa de los Tres Santos Reyes.
La relación de Jojutla y sus tres barrios, en términos generales, fue amistosa y colaborativa, lo que permitió que al paso del tiempo se fortalecieran como una región comercial y agrícola importante.
La importancia que obtuvo Jojutla fue notable, tal como se expresa en el "Theatro Americano" escrito por Antonio de Villaseñor en 1746, donde a pesar de que se reconoce que en Tlaquiltenango se encontraba el convento (o sea, era el Centro Político), es en Jojutla en donde se hace una especificación más clara y amplia del lugar.
La introducción del cultivo del arroz hacia 1838, también motivó la emancipación de Jojutla del municipio de Tlaquiltenango, ya que dotó de fortaleza económica y orgánica a la población jojutlense. A partir de ese, comenzó a fortalecerse la presencia de Jojutla en la región Sur de Morelos de manera formal.
El 15 de mayo de 1873, Jojutla consiguió el título de Ciudad, además de que a partir de ese momento se le conoce a la cabecera municipal como Jojutla de Juárez. El 25 de septiembre de 1884, se erigió el Distrito Político de Júarez; integrado por lo municipios de Jojutla, Tlaquiltenango y Tlaltizapán.
viernes, 6 de octubre de 2017
Los sismos con epicentro en Morelos en los últimos 27 años.
Por Azael Abdí Vázquez Román.
De 1990 a la fecha han sido
registrados 68 eventos sísmicos con epicentro referenciado en el Estado de
Morelos, de los cuales, los últimos 21 ocurrieron en abril, septiembre y octubre de este año. Lo
extraño en esta situación es que no se habían registrado más de 4 sismos por
año, además de que han habido años como 1991, 1992, 1993, 1994, 1996, 2001,
2006, 2012 y 2014, en los que no se registró referencia de sismo en la entidad.
En estos últimos 26 años y 9
meses, el promedio de Magnitud de los sismos registrados con epicentro
referenciado en Morelos es de 3.5, por lo que el promedio trata de una magnitud
baja que en la mayoría de las veces es imperceptible para las personas.
Solamente el sismo del pasado 19 de septiembre ha rebasado la Magnitud 4.0,
siendo de M 7.1.
Es debido decir que a partir de M 7.0 los sismos se miden en escala de Magnitud
de Momento (ya no grados Richter) por lo que son considerados como de muy alta
intensidad y peligro.
La moda, es decir, las Magnitudes que más se han repetido en el registro son M 3.3 y M 3.7, ambas con 11 eventos.
La tabla anterior se realizó con
datos proporcionados por los catálogos del Servicio Sismológico Nacional y es
con base a sismos cuya referencia de localización se encuentra en el Estado de
Morelos, no obstante, las coordenadas del epicentro (latitud y longitud) pueden llevar a sitios ubicados en la frontera de Morelos con Guerrero o Puebla, en
ocasiones, dentro del territorio de dichos Estados.
A pesar de que existe una alta generación de sismos en la zona, la baja intensidad de los mismos han hecho prácticamente imperceptible su presencia y no han dejado estragos. Sin embargo, debemos estar atentos y siempre alertas porque en cualquier momento puede ocurrir un sismo de Magnitud considerable que pueda causar daños de moderados a severos, como lo fue el del pasado 19 de septiembre de 2017.
Por desgracia, en la mayoría de los casos no hubo la prevención necesaria para afrontar el sismo del 19-S, antes, durante y después del siniestro, quizás porue que no hubo la observancia suficiente de la actividad sísmica en el Estado de Morelos, situación que debemos cambiar a partir de tan desagradable experiencia.
Además, también debemos prestar atención porque en general la República Mexicana es una zona de alta sismicidad en donde la interacción de las cinco placas tectónicas en las que entra en contexto nos deja en riesgo de sismos que nos pueden causar graves daños, aún y cuando se generen en otros Estados de la República. A través de estadísticas, la Magnitud máxima esperada es de 8.6 en las costas de Michoacán.
¿Es posible que se genere un
sismo de la misma Magnitud o incluso con una Magnitud mayor?
Sí, es posible que se genere un
sismo de Magnitud similar al del pasado 19 de septiembre por el simple hecho de
que ya se generó uno de M 7.1, lo cual quiere decir que la zona de subducción
en la que nos encontramos cuenta con las características necesarias para que se
dé dicho sismo, sin embrago, no se puede asegurar que se pueda llegar a generar
un sismo de Magnitud mayor dado que no se tiene un registro amplio de los
sismos en la región, por lo que no se conoce si en algún otro momento se haya
dado un sismo de Magnitud mayor a 7.1. Tampoco se sabe en qué
momento pueda suceder ni el sitio exacto del hipocentro y epicentro de
siguiente sismo.
¿Cuál es la relación que guarda
la escala de Magnitud con la intensidad real de sismo?
Aunque de manera aparente pueda
existir poca diferencia entre un sismo de M 3.0 y otro de M 7.0 (dado que se
trata de una escala que mide de M 1.0 a M 10.0), lo cierto es que la diferencia
de intensidad entre un punto y otro de la escala (M 3.0 y M 4.0, por ejemplo),
se calcula multiplicando la intensidad del punto menor por la raíz cuadrada de
mil, que es aproximadamente 32, es decir, que un sismo de M 4.0 es aproximadamente
32 veces más intenso que uno de M 3.0, por lo que uno de M 5.0 es 1000 veces
más intenso que uno de M 3.0, y así sucesivamente.
Dentro del contexto anterior, por
ejemplo, el 12 de abril de 2003 se registró un sismo de M 3.1 a 13 kilómetros
al Noreste de Tepoztlán, si comparamos este sismo con el de M 7.1 del 19 de
septiembre de 2017 encontramos una diferencia de 4 unidades en la escala de
Magnitud, por lo que haciendo la multiplicación correspondiente encontramos que
el sismo M 7.1 fue 1,000,000 (un millón) de veces más fuerte que aquel de M
3.1.
¿Por qué un mismo sismo puede ser
sentido de diferente manera?
Diversas personas pueden sentir
de forma diferente un mismo sismo debido a varios factores. Por ejemplo, la
lejanía del epicentro influye en gran manera, asimismo, aunque las personas se
encuentren en la misma localidad depende del tipo de terreno y del tipo de
edificio en el que se encuentre cada una; también influye si el sismo es
oscilatorio o trepidatorio.
De igual manera, la forma en la que se afectan las viviendas y edificios depende del tipo de sismo, el tipo de terreno y las características de las construcciones.
Apéndice: Tabla de los sismos registrados con referencia de localización del epicentro dentro del Estado de Morelos del 1 de enero de 1990 hasta el 5 de octubre de 2017.
FUENTE:
- Datos diversos adquiridos del Servicio Sismológico Nacional (SSN-UNAM).
viernes, 29 de septiembre de 2017
Historia sísmica del ex convento de Santo Domingo Tlaquiltenango.
Por Azael Abdí Vázquez Román.
El convento de Tlaquiltenango se fundó en el año de 1540 a cargo de frailes franciscanos, aunque el proceso constructivo del edificio duró todavía en buena parte durante el Siglo XVI y posteriores, pues en la construcción es evidente la influencia de franciscanos y dominicos, estos últimos, tomaron de forma definitiva la administración del convento en 1593, después de un largo litigio.
El sismo del 19 de
septiembre de 1985, suscitado en las costas de Michoacán y que tuvo una Magnitud
de 8.1, afectó en gran medida a buena parte del Centro de México. En lo que
refiere al templo y ex convento de Tlaquiltenango son pocos los registros de
daños significativos, seguramente porque hacía poco de las reparaciones hechas
a la construcción tras el sismo de 1973. Lo más significativo entonces, fue un
agrietamiento visible en la fachada del templo, entre éste y la torre del
campanario, además de la caída de los arcos que servían de entrada en la barda
perimetral del lado Sur.
Como
se puede observar, han sido los sismos
con Magnitud mayor a 7, y los que han tenido un epicentro relativamente
cercano, los que han dejado mayor afectación en las construcciones del templo y
convento de Tlaquiltenango, por lo que ya en el siglo XXI deben ser este tipo
de sismos a los que se les debe prestar mayor atención.
El convento de Tlaquiltenango se fundó en el año de 1540 a cargo de frailes franciscanos, aunque el proceso constructivo del edificio duró todavía en buena parte durante el Siglo XVI y posteriores, pues en la construcción es evidente la influencia de franciscanos y dominicos, estos últimos, tomaron de forma definitiva la administración del convento en 1593, después de un largo litigio.
A pesar de
la larga vida del inmueble, es poco lo que se sabe o tiene registro sobre la
historia de éste, sobre todo, en temas como los sismos que ha enfrentado y el
daño estructural que le han causado. La fuente principal de Historia regional,
las Apuntaciones Históricas de Xoxutla a
Tlaquiltenango del célebre Padre Minos, no dan cuenta extensa de sismos que
hayan azotado a la región ni de las afectaciones que hubiesen provocado. La
única referencia al respecto es sobre la Capilla del barrio de Teocalcingo
(Jojutla) y dice:
“… donde hasta 1680
fundaron su Capilla y a este barrio se le ha dado el nombre de Teocalzingo la
primera Capilla que construyeron por un gran terremoto fue derribada y muchos años
después se levantó la que actualmente existe”.
De la época virreinal,
se pueden destacar los sismos de 1557, 1567, 1568, 1585, 1588 y 1591, de los que se
han registrado daños moderados y severos en templos y conventos. Sin embargo,
con mayor relevancia se debe considerar al sismo de Colima en 1585 del que se
registran daños severos en la Iglesia de Jiutepec. Aunque en ninguno de los
sismos anteriores hay registro de daños para el templo y convento de Tlaquiltenango,
es posible asegurar que debió sufrir daños estructurales que fueron reparados reforzando y
modificando las construcciones..
Para los
siglos XVII, XVIII y XIX, la falta de información y registros es la misma, por
lo que se desconoce ampliamente el efecto de los sismos sobre las
construcciones eclesíasticas de Tlaquiltenango. Lo cierto es que los daños no debieron ser severos pues, según
afirman expertos, los daños llegan a ser acumulativos por lo que una serie de
daños severos terminan por dejar obsoleto al edificio.
Ya dentro
del siglo XX y desde que se tiene un registro formal de la actividad sísmica en
México, los sismos de 1957, 1973, 1985 y 1999 figuran como los más importantes
para efectos de esta investigación.
En 1957, se
registró un sismo en las costas del Estado de Guerrero, cerca de Acapulco, cuya
Magnitud fue de 7.7; los daños que causó fueron bastantes, aunque en lo
referente al templo y convento de Tlaquiltenango lo más significativo fue la
caída de la esfera que adornaba la cima del cupulín de la torre del campanario.
El 28 de agosto
de 1973, se suscitó un sismo con Magnitud 7.3 en las cercanías de Orizaba,
Veracruz. De este sismo es del que se ha encontrado un mayor registro de los
daños causados a las construcciones del templo y ex convento de Tlaquiltenango.
De entre estas:
Templo.
-
- Agrietamiento
en el extradós e intradós de la bóveda.
- - Grietas
en sentido transversal y longitudinal de la nave.
- - Agrietamiento
vertical en prácticamente toda la altura de los muros.
- - Grietas
horizontales en los muros del presbiterio.
- - Desplomo
de aproximadamente 90 cm en el muro del costado Sur.
- - Uno
de los muros del presbiterio se encontraba 60 cm fuera de plomo.
Ex convento.
-
- Agrietamiento
en los muros y bóvedas, principalmente en las crujías Norte y en la Capilla
Abierta.
- - Las
zonas más afectadas fueron el entrepiso y la bóveda del claustro alto en el
costado Norte.
El sismo del 19 de
septiembre de 1985, suscitado en las costas de Michoacán y que tuvo una Magnitud
de 8.1, afectó en gran medida a buena parte del Centro de México. En lo que
refiere al templo y ex convento de Tlaquiltenango son pocos los registros de
daños significativos, seguramente porque hacía poco de las reparaciones hechas
a la construcción tras el sismo de 1973. Lo más significativo entonces, fue un
agrietamiento visible en la fachada del templo, entre éste y la torre del
campanario, además de la caída de los arcos que servían de entrada en la barda
perimetral del lado Sur.
Ya a finales del siglo XX, en 1999,
cerca del municipio de Tehuacán, Puebla, se registró un sismo con Magnitud 7.1.
Los daños al conjunto conventual de Tlaquiltenango se consideraron menores
gracias a las reparaciones hechas después del sismo de 1973, en especial
gracias al gran refuerzo de concreto del que fue objeto la bóveda del templo. Entre
las afectaciones registradas se encuentran algunas grietas verticales en los
muros de la nave principal cerca de las pilastras, grietas longitudinales y
transversales en la bóveda de la nave, grieta horizontal en la parte baja del
muro Sur y grietas en el cupulín del campanario que además sufrió rotación en
su base.
Como
se puede observar, han sido los sismos
con Magnitud mayor a 7, y los que han tenido un epicentro relativamente
cercano, los que han dejado mayor afectación en las construcciones del templo y
convento de Tlaquiltenango, por lo que ya en el siglo XXI deben ser este tipo
de sismos a los que se les debe prestar mayor atención.
En
los últimos 16 años y 9 meses, sólo han ocurrido 8 eventos sísmicos con Magnitud
igual o mayor a 7. Tres de éstos en Chiapas, dos en Guerrero, uno en Colima,
uno en Baja California y uno en Morelos; siendo los dos últimos, registrados el
7 y 19 de septiembre de 2017 en Pijijiapan, Chiapas y en Axochiapan, Morelos,
respectivamente, los que mayores estragos han dejado.
El
sismo del 7 de septiembre tuvo una Magnitud de 8.2, sin embargo, la lejanía del
epicentro no provocó daños visibles en el conjunto conventual de
Tlaquiltenango, aunque es posible que hubiese provocado algunas fisuras y
grietas menores que no fueran significativas pero que de alguna manera
debilitaran las construcciones pues se sintió con bastante fuerza en la
localidad.
El
sismo del 19 de septiembre, tuvo una Magnitud de 7.1, y su epicentro se ubicó a
12 kilómetros al Sureste de Axochiapan, Morelos; la Magnitud, aunada a la
cercanía del epicentro provocaron graves daños en la Zona Sur de Morelos,
siendo lo más significativos aquellos de los edificios históricos.
Los
daños que este sismo causó en el templo y ex convento de Tlaquiltenango aún no
son cuantificados del todo, sin embargo, aquello que es notorio desde la vía pública
refleja una grave afectación al inmueble: una enorme grieta se abrió en el muro
Norte del templo, la torre del campanario prácticamente se separó del templo y
el cupulín de la misma torre se destruyó por completo, parte de la cúpula del
ábside se derrumbó, se cayeron gran número de almenas decorativas y se desplomó
la bóveda del claustro alto del lado Norte, así como la fachada del
representativo reloj que fue colocado para “hermosear” al pueblo en febrero de1898, entre
otros daños.
Según
dictámenes preliminares de expertos del INAH el inmueble presenta daños
severos, por lo que entrará en un largo proceso de reconstrucción junto con buena
parte de los edificios históricos de la entidad, siendo el peor panorama para
el ex convento de Tlaquiltenango aquel en el que ya no podrá ser utilizado como
edificio religioso y, en cambio, sólo será patrimonio cultural del Estado de
Morelos y del municipio de Tlaquiltenango.
Catálogos del Servicio Sismológico Nacional de México.
Testimonios orales.
R E F E R E N C I A S
Minos, Agapito Mateo. Apuntaciones
Históricas de Xoxutla a Tlaquiltenango. Tercera Edición (Facsímil).
Cocinando Letras. México. 2007.
Hinojosa, Laura Elena. Tlaquiltenango,
Crónica Pictográfica de un Conflicto Religioso. UAEM. Primera Edición.
Morelos. 2009.
Meli Piralla, Roberto. Los
Sismos y los Conventos. en Revista Geotecnia. Número 228. Sociedad Mexicana
de Ingeniería Geotécnica. México. Julio-Agosto 2013.
Padilla Lozoya, Raymundo. Los
sismos en Colima: Siglo XVI. AF Medios, Agencia de Noticias. 10 de febrero
de 2011.
Recordamos: el
terremoto del ‘Ángel’ de 1957. AM Querétaro. 28 de junio de 2014.
Marrero, Carlos. Temblor
de 1973 de la Ciudad de Córdoba. Crónicas UGMEX. 31 de mayo de 2016.
Ramírez-Herrera, Teresa; Lugo-Hubp, José. Efectos del sismo (7.0=Mw) del 15 de junio
de 1999 en Puebla y estados vecinos. Investigaciones Geográficas. Instituto
de Geografía, UNAM.
México. diciembre de 2000.
Catálogos del Servicio Sismológico Nacional de México.
Testimonios orales.
miércoles, 22 de marzo de 2017
9 de febrero: Fundación del Ayuntamiento de Tlaquiltenango.
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| Fragmento del decreto. |
Los primeros Ayuntamientos Constitucionales en la Nueva España se crearon hasta 1812, mediante la promulgación de la Constitución Política de la Monarquía Española (mejor conocida como Constitución de Cádiz), en pleno auge de la campaña del Gral. José María Morelos en la guerra de Independencia. Dicha Constitución, establecía que debían crearse Ayuntamientos en todos los pueblos que solos, o junto con su comarca, llegasen a “mil almas”. Además, establecía que los cargos públicos debían ocuparse mediante elección popular, y no por decisión Real o Virreinal, como se hacía hasta entonces; asimismo, los cargos del Ayuntamiento dejaban de ser vitalicios.
Esta situación, provocó
una deserción importante de militantes en el ejército insurgente, pues muchas
personas regresaron a sus pueblos para estar presentes en los censos de población, y así poder cumplir con la cuota de habitantes para la creación
de Ayuntamientos, ya que les representaba una esperanza de autonomía
gubernamental en su nivel más básico.
Pese a lo anterior, y
gracias a la situación bélica interna del país y a que la autoridad de la
Corona resultaba muy distante, los Ayuntamientos Constitucionales no fueron
establecidos como la ley mandaba, y muchos privilegios, cargos vitalicios y
designaciones arbitrarias fueron conservados, lo cual, re enardeció la molestia de la gente, que nutrió de nuevo al ejército insurgente.
México consiguió su
independencia en 1821. Nació como un imperio cuyo mandato le fue ofrecido a
Fernando VII, quien además de no aceptar el trono, también desconoció la
independencia del territorio mexicano; entonces, fue designado emperador Agustín de Iturbide,
bajo el nombre de Agustín I de México, quien, no duró mucho tiempo en el
trono, pues se vio obligado a abdicar en 1823. El principal cambio político que se proponía a través del Plan de Iguala de 1821 era a nivel nacional, por lo que la política interna del país no sufrió cambios significativos durante el gobierno de Iturbide.
Al abdicar Iturbide, México se transformó en una República Federal, formalizada por el Acta Constitutiva de la
Federación y la Constitución Política de 1824. Las Provincias se convirtieron
en Estados “Libres Y Soberanos”, cuya libertad residía, entre otras cuestiones, en poder escoger su
organización interna (en todos los rubros), para esto, cada Estado redactó y
fundamentó una Constitución política propia, que debió respetar en todo momento las disposiciones de la Constitución Federal.
El Estado de México
contaba con un territorio extenso que comprendía los actuales Estados de Hidalgo, Morelos, parte de Guerrero, Edo. de
México y la Ciudad de México. Razón por la cual fue uno de los últimos Estado
en promulgar su Constitución local. Además, era sede de los poderes máximos de
la República, situación que agravó su estado político interno.
A espera de su Constitución local, de 1824 a 1827 el Congreso Constituyente del Estado de México emitió decretos emergentes para
mantener el orden político, económico y social dentro del territorio del Estado. Referente a los Ayuntamientos, se dio un decreto el 9 de febrero
de 1825, mediante el cual se establecían bases para la creación de
Ayuntamientos (se buscaba reducir el número de los existentes), su organización
y elección de integrantes.
A diferencia de la
Constitución de Cádiz, el decreto de 1825 estableció como rango poblacional la
existencia de “cuatro mil almas”, y además dejó a consideración del jefe de la
Prefectura la elección de los pueblos que debían conformar los Ayuntamientos y
el pueblo, villa o ciudad cabecera del mismo.
Los padrones que contabilizaban el número de habitantes de cada pueblo para conformar los Ayuntamientos se tomaron de los registros parroquiales. Como Ayuntamiento debemos entender al órgano de gobierno del municipio, conformado por Alcaldes, Síndicos y Regidores, como establecía el artículo 7° del decreto; el territorio municipal ha sufrido diversas modificaciones desde entonces. cabe destacar que, para ser miembro del Ayuntamiento, cada persona debía contar con sustento propio pues los empleos municipales eran honorarios; o sea, sin paga.
Los padrones que contabilizaban el número de habitantes de cada pueblo para conformar los Ayuntamientos se tomaron de los registros parroquiales. Como Ayuntamiento debemos entender al órgano de gobierno del municipio, conformado por Alcaldes, Síndicos y Regidores, como establecía el artículo 7° del decreto; el territorio municipal ha sufrido diversas modificaciones desde entonces. cabe destacar que, para ser miembro del Ayuntamiento, cada persona debía contar con sustento propio pues los empleos municipales eran honorarios; o sea, sin paga.
Tlaquiltenango fue uno de
los Ayuntamientos que se fundaron, a consecuencia del decreto antes citado,
dentro del Partido y Prefectura de Cuernavaca. Se fundó junto con los
Ayuntamientos de Cuernavaca, Ixtla, Yautepec, Miacatlán, Tlaltizapán, Tetecala,
Tepoztlán, Xochitepec y Xiutepec. Es posible que el Ayuntamiento de Tlaquiltenango tuviera de 4,000 a 5,000 habitantes, por lo que su composición era de un Alcalde, un Síndico Procurador y cinco Regidores.
La jurisdicción
territorial del Ayuntamiento de Tlaquiltenango en 1825, no era la misma con la que
cuenta hoy en día. A través del análisis territorial de Tlaquiltenango,
anterior y posterior a 1825, se puede suponer que en 1825 contaba dentro de su
territorio con los actuales municipios de Jojutla y Zacatepec, así como con el
pueblo cabecera y terrenos desde éste, en dirección Sureste, hasta topar con el
río Cuautla.
Referencias:
Vázquez
Román, Azael Abdí. Del Ayuntamiento Novohispano al Ayuntamiento Mexicano: De la
fecha de fundación del Ayuntamiento de Tlaquiltenango, Morelos (Texto). PIH
Historia de Tlaquiltenango. México. 2016.
Von Wobser, Gisela (Coord.). Historia de México. Fondo de Cultura Económica. México. 2010.
Congreso Constituyente. Decretos del Congreso Constituyente del Estado de México. Tomo I. Imprenta del Gobierno del Estado. Tlalpam. 1830.
Constitución Política de la Monarquía Española. Promulgada el 19 de marzo de 1812. IIJ. UNAM. México.
García Mendoza, Jaime. La Alcaldía Mayor de Cuautla de Amilpas, Siglos XVI al XVIII. III Congreso Nacional: Estudios Regionales y Multidisciplinariedad en la Historia. México.
Minos, Agapito. Apuntaciones Históricas de Xoxutla a Tlaquiltenango. 3° Edición (Facsímil). Cocinando Letras. México. 2007.
jueves, 17 de noviembre de 2016
Ciprés de Tlaquiltenango (Altar Mayor)
| Ciprés de Tlaquiltenango |
En el ábside del
templo de Santo Domingo de Guzmán en Tlaquiltenango, se encuentra un monumento
que representa al Altar mayor. Dicho monumento es conocido como Ciprés, nombre
que es un mexicanismo dado al elemento arquitectónico variante del Baldaquín o Baldaquino.
Sin embargo, al
Altar Mayor no lo representa tan sólo el Ciprés, sino que es un conjunto de
elementos que se integran dentro del ábside de la hoy parroquia, aunque para
esta ocasión nos enfocaremos en el Ciprés.
De arquitectura
neoclásica, la temporalidad del Ciprés puede calcularse entre mediados del
siglo XVIII hasta finales del siglo XIX. Muestra pilares y cornisas propios del
estilo arquitectónico que hizo popular el español, Manuel Tolsá, arquitectura
que se replicó a lo largo y ancho de México y que se ve, sobre todo, en
baldaquinos que adornan nichos laterales en los templos.
El origen del
monumento es incierto, aunque es claro que no formó parte de los elementos
originales del templo. Es posible que para adornar al Altar mayor, en lugar del
Ciprés, estuviese ubicado un Retablo de gran tamaño; desgraciadamente, de dicho
retablo nada se conserva y se desconoce también la escena bíblica o evangélica
que relataban sus pinturas.
El Cronista de
Tlaquiltenango, José René Gama Beltrán, escribió en 2007 que el Pbro. Felipe
Hinojosa (ex párroco de Tlaquiltenango) dio por sentado (a través de anécdotas)
que el Ciprés fue construido por órdenes del dueño de la hacienda de San Juan,
Crescencio Reina, para servirle como mausoleo.
Se menciona al 5 de
junio de 1890 como la fecha de estreno del Ciprés de Tlaquiltenango, estando en
funciones como párroco Agapito Minos Campuzanos, conocido y reconocido hombre a
finales del siglo XIX, quien gozaba de gran amistad con las personas
acaudaladas de la región.
Crescencio Reyna fue
un poderoso hombre, dueño de la Hacienda azucarera de San Juan, ubicada en el
centro de Tlaquiltenango, fue dueño también de gran parte de las propiedades y
terrenos aledaños a la Hacienda, incluso, de los terrenos que ocupan la
parroquia de Santo Domingo de guzmán.
Reyna fue presiente
municipal en varias ocasiones, aunque realmente tomó actitudes de sentirse
dueño de la población. Murió en 1907, por lo que de ser cierta la hipótesis que
dicta que el Ciprés fue un mausoleo para don Crescencio, notamos gran
egocentrismo, digno de un próspero hombre de negocios de la época porfiriana.
| Señor de Tula en su Santuario, Jojutla, Morelos. |
Sin embargo, existe
un documento que datan al Ciprés mucho antes de 1890. En el acta que menciona
como se dieron los hechos que originaron el traslado del Señor de Tula de
Tlaquiltenango a Jojutla, se dice que "Estando el Santísimo Cristo
colocado en el Camarín del Ciprés del Altar Mayor de este templo de nuestro
padre Santo Domingo Tlaquiltenango, y bien cerrado, con dos chapas
nuevas...". Dicha acta está fechada el 31 de agosto de 1723, lo que nos
hace pensar que el monumento es anterior a la época porfiriana de finales del
siglo XIX, pese a lo anterior, el acta consultada es parte de un libro de
crónicas y no de un archivo, por lo que se puede dudar de su temporalidad,
además, no coincide con el estilo neoclásico del monumento.
De ser cierta el
acta anterior, podríamos suponer que existía un Ciprés diferente (quizás más
modesto), o que uno de los camarines fue diseñado originalmente para albergar
al Señor de Tula.
Lo cierto es que es
un monumento icónico de Tlaquiltenango, fotografiado en infinidad de ocasiones,
admirado por su belleza e imponencia, aunque a veces no conozcamos su origen o
significado. En éste, se ve expreso el poder del clero secular sobre la antigua
orden mendicante del edificio, pues la Virgen de la Candelaria al parecer
desplazó en importancia a Santo Domingo de Guzmán, quien a su vez, desplazó en
su momento a San Francisco de Asís.
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Referencias:
- Minos, Agapito Mateo. Apuntaciones Históricas de Xoxutla a Tlaquiltenango. Cocinando Letras. Facsímil. México. 2007.
- J. Maroto (2009) Historia del Arte, Casals, pg. 290-291.
- http://www.cultura.gob.mx/noticias/efemerides/10463-manuel-tolsa-dejo-una-aportacion-fundamental-para-la-riqueza-arquitectonica-y-escultorica-de-mexico.html
- Otros.
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